31 de julio de 2010

el descubrimiento que no me llevó a ninguna parte

allá por el año 1968 descubrí que era posible utilizar mi viejo conversor electrónico euro-dólar para convertirme en un auténtico ciudadano americano, y así lo hice: presioné la tecla mágica y antes de levantar el dedo ya me había vuelto rubio, tenía la piel más clara y hablaba un inglés perfecto.
sin embargo, mi vida no había cambiado mucho, pues continuaba mendigando en las calles de Torremolinos y cobrando una pensión por mi trastorno de identidad disociativo.