27 de agosto de 2011

Kim Jong-il III

una vez estuve a punto de regalarle a mi suegra una lata de melocotón en almíbar que estaba empezando, peligrosamente, a asumir todos los poderes de la constitución del menú; sin embargo, en el último momento, el melocotón se abalanzó sobre mí, completamente borracho de jugo y, agarrándome por el cuello, me dejó muy claro quién iba a ser, a partir de entonces, el verdadero postre de la casa.
desde aquel momento, yo no tengo otra opción que la de dormir en la nevera, para no dar la lata, y además he acabado convirtiéndome, junto a un brazo de gitano y una piña (que está colada por él), en una especie de prisionero de cocina que se pasa el día en pijama, recibiendo órdenes y comandas de este gran hijo de fruta.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Grande!

Sara Lew dijo...

Genial!

Miguelángel Flores dijo...

Pero es que eres la ostia. O la hostia (nunca me acuerdo)!!!

Elisa dijo...

Pues sí, genial y muy divertido.