26 de septiembre de 2011

El Bulli

cuando entramos por la puerta de El Bulli, lo primero que nos deleita los sentidos es la imagen de una mancha de mercurio moteado que crece sin pudor sobre los restos de un plato sucio, ya olvidado en un rincón, y tan antiguo como las propias bisagras de la puerta.
tampoco se echan en falta los bomboncitos de almidón afgano; ni los míticos boniatos crudos impregnados con napalm; ni una chocolatina de wolframio rojo; ni la gelatina agridulce (y caliente) de los desayunos de La 2.
algunas veces, incluso, podemos ver a su dueño, que un día se compró un Picasso y se lo comió allí mismo, solo por seguir innovando.

3 comentarios:

egolastra dijo...

Es cosa mía o todo eso del Bulli era sólo una tapadera...

dadaista dijo...

Estimado anónimo...

Tal vez por eso de seguir innovando, cerrara el Bulli.

Enhorabuena por este blog, que de absurdo tiene poco.

sds!

Miguelángel Flores dijo...

Hola, creo que hay un problema con tu blog. Lo tengo agregado a "los blogs que miro", y ahí está actualizado con una entrada de ayer. En cambio, entro y sigue esta entrada del día 26...

Ya sabes, o igual ya lo sabías.

Un saludo