14 de noviembre de 2011

el Tribunal de Asuntos Internos

[...] aquella noche me desperté de madrugada empapado en una especie de culpa burocrática y (con la toga puesta encima del pijama) me declaré a mí mismo culpable, culpable de ser quien soy, de no haber sabido arrancarme el maldito órgano del juicio que, como ocurre con el bazo, o el Senado, carece de cualquier función que pueda merecer o justificar lo increíblemente elevado de su coste.
menos mal que, al hacerse de día, presenté y gané un recurso de apelación propio, y todo se quedó en un fallo del sistema digestivo y en una fianza de tres padres nuestros con peluca.
poco después, sin más que añadir, me levanté de la sesión.